Monday, March 12, 2007
GOMERA
El "correillo" navegaba tranquilo desde el puerto de Los Cristianos en dirección a La Gomera. El aire sereno de marzo en medio del mar ya predecía el soplo benéfico que envuelve a la isla en esa época del año. El ánimo, dispuesto a dejar pasar todas las sensaciones, se impregnaba de olores, del sonido del crujir de las cuadernas, del tacto de las maromas en nuestros pies descalzos, del rostro tranquilo y curtido de la tripulación. No avistamos el puerto de San Sebastián hasta que casi estábamos en la misma bocana, ya enfilando el muelle, y nos sorprendió la belleza de lo que, desde lejos, parecía un pueblo diminuto, desperdigado en la ladera de una montaña. Al desembarcar ya era casi de noche y hubo que esperar a la mañana siguiente para confirmar nuestra primera impresión. La vista desde la terraza de nuestro alojamiento era grandiosa; abajo el pueblo y más allá el puerto; enfrente, el mar inacabable y al oeste las montañas... Desde ese mismo momento supe que volvería a esa isla tantas veces como me fuera posible... Y así ha sido y La Gomera siempre me recibió con un abrazo suave y fraternal...
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